Berlín, de nuevo capital del mundo
Por admin • Nov 10th, 2009 • Sección: Blog de actualidadBerlín volvió ayer a convertirse en la capital del mundo. Líderes políticos de todo el planeta homenajearon a la capital de la Alemania reunificada y a sus valientes ciudadanos, que hace 20 años empujaron con el dedo un Muro podrido y un sistema carcomido. Ni siquiera la lluvia o el frío logró evitar que cientos de miles de berlineses y turistas coparan los aledaños de la Puerta de Brandeburgo, icono de la Reunificación alemana después de 45 años de división.
“Un Berlín feliz y unido saluda al mundo”, proclamó el alcalde de la ciudad, Klaus Wowereit. Durante la noche del 9 de noviembre de 1989, “la gente convirtió un lugar del horror como el Muro en un monumento a la libertad”, abundaba Wowereit antes de ceder el micrófono a los representantes de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. “Berlín dice gracias a los aliados por permitir nuestro sueño”, resumía.
El primero de los mandatarios internacionales en tomar la palabra fue el presidente francés, un gesto ya clásico en las relaciones diplomáticas franco-germanas desde hace décadas. “Los berlineses destruyeron un muro de la vergüenza que muchos consideraban indestructible”, apuntó Nicolas Sarkozy en su breve alocución. “La caída del Telón de Acero es un llamamiento contra la opresión. Todos somos Berlín”, subrayó.
El presidente ruso, Dmitri Medvedev, le siguió en el atril para resaltar el papel que la ‘perestroika’ jugó en las Revoluciones democratizantes de Europa Central en 1989. “El rol de la Unión Soviética fue decisivo en la caída del Muro, como después en la reunificación alemana”, afirmaba Medvedev. “En los mapas ya no están ni la URSS ni la RDA; ahora queremos trabajar asociados, reconciliados, en una Europa unida”, concluía el ruso.
El primer ministro británico, Gordon Brown, pronunció acto seguido uno de los discursos más elogiosos para los oídos berlineses. Frases como “el mundo está orgulloso de vosotros”, “habéis cambiado el planeta” o “el Muro no cayó por los militares ni los políticos, sino por el espíritu de la gente de Berlín” arrancaron los aplausos de los asistentes, algo acartonados por el intenso frío y el aguanieve. Pero también dejó un mensaje para consumo interno en las islas: “El Reino Unido siempre estará en el corazón de Europa”, advirtió, con la mente puesta en los recientes avances del euroescepticismo en Inglaterra.
Por su parte, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, repasó los antecedentes que condujeron a miles de alemanes de ambas orillas a bailar encima del Muro el 9 de noviembre de 1989. “Hay que agradecérselo a los aliados, que alimentaron a Berlín Occidental durante el bloqueo soviético; al Papa Juan Pablo II, que representó las aspiraciones del pueblo; a los disidentes checoslovacos, que colocaron a un escrito como presidente; pero, especialmente, a los berlineses, que pensaron: la libertad es nuestro derecho y lo tomaremos con las manos”, desgranó.
Clinton presentó una intervención grabada de su presidente, Barack Obama, ausente ante su próximo viaje a Asia. “A los americanos nos gusta que los muros caigan”, valoraba Obama en el vídeo, “pues la tarea de la libertad nunca concluye”.
La canciller alemana, Angela Merkel, cerró el bloque de los discursos para rememorar “uno de los días más felices” de su vida, pero también para mirar al futuro y “cruzar las fronteras de nuestro tiempo”. “La libertad no surge sola, hay que pelearla y protegerla: sin ella, la democracia no es posible”, enfatizó la democristiana. Merkel recordó que el 9 de noviembre evoca asimismo una de las páginas más negras de la historia germana: la violencia nazi desatada contra los judíos durante la ‘noche de los cristales rotos’, en 1938. Además, la canciller honró expresamente a su antecesor en el cargo, Helmut Kohl, a quien su avanzada edad impidió estar presente.
Después de los parlamentos, los actos conmemorativos alcanzaron su fase más vistosa. Por tramos, diferentes personalidades como Mijail Gorbachov o Lech Valesa empujaron 1.000 piezas de dominó gigantes situadas sobre el trazado original del Muro, entre la Potsdamer Platz y el edificio del Reichstag. Con ellas se simbolizaba la estrecha relación entre los colapsos, prácticamente simultáneos, de los diferentes regímenes comunistas de Europa Central hace ahora dos décadas.
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