Bloque del Este

Historias del otro lado del Telón de Acero

En la cuenca del Ruhr (II): Día de llegada a Essen

Por admin • Oct 4th, 2009 • Sección: Hemeroteca del Este

En la puerta del Ayuntamiento, centinelas franceses. En la puerta de la Delegación de Policía, centinelas franceses. En la puerta de la sucursal del Banco de Alemania, centinelas franceses. En la puerta del Teatro Municipal, centinelas franceses.
- ¿En la puerta del teatro también? ¿Por qué?
- Porque anteayer se representó Guillermo Tell.
Si los franceses llegan a conseguir que el espíritu de Guillermo Tell sea el espíritu de Alemania, nadie podrá decir que la ocupación de la cuenca del Ruhr no haya servido para nada bueno. Entiéndase bien que decimos el espíritu de Guillermo Tell o, si se quiere, de Schiller. No el espíritu de Ludendorff o de Hug Stinnes.

Essen es hoy, decididamente, un lugar extraordinario. Uno se pasea por la Kettwigerstrasse y mientras está parado ante el escaparate de una cuchillería siente que alguien le mete la mano en el bolsillo del abrigo que llevaba medio abierto. Al volverse, ve a un hombre que se aleja y le lanza una mirada de inteligencia, mientras la mano que uno instintivamente se ha llevado al bolsillo tropieza con un papel arrugado. Es una llamada a los obreros para que cumplan su deber de alemanes y se nieguen a aceptar las ofertas de trabajo que les hacen los franceses.

La propaganda contra los franceses por medio de libelos y carteles es muy intensa. Por todas las paredes se ven jirones. Todas las mañanas patrullas de soldados tienen que ir por la ciudad rasgando con las bayonetas los nuevos carteles que han sido fijados durante la noche. Por todas partes se encuentran hojas volantes de todo tipo: sobre los mostradores de las tiendas, en los asientos de los taxis, en el cajón de la mesilla de noche de la habitación del hotel. Ninguna de estas hojas lleva pie de imprenta y, hasta ahora, los franceses no han podido descubrir una sola de las abundantes fuentes de propaganda que, ni de día ni de noche, dejan de proliferar.

Hace dos días que la Cámara del Comercio al por menor de Essen fijó un acuerdo de guerra: prohibir a sus miembros (es decir, a todo el comercio de la ciudad) que vendieran a las tropas de ocupación.

Y desde hace dos días -me han contado- los comerciantes de Essen no viven tranquilos ni un solo minuto. Los soldados franceses, en patrullas de diez o veinte mandadas por un oficial o un sargento, a veces van a pie y a veces montados en un camión, van de tienda en tienda y piden, primero por las buenas, si los quieren servir. Una vez los dueños o los dependientes han dicho que no, el jefe de la patrulla da la orden a los soldados de servirse ellos mismos, y cada uno coge aquello que le conviene. Una vez provistos se van, y a menudo se llevan al dueño detenido.

Hoy por la mañana , con todas las tiendas y establecimientos cerrados en señal de protesta por la detención del alcalde, estas operaciones no son factibles. Pero a la hora de comer -que para nosotros era la hora de no comer- se ha presentado en nuestro hotel un grupo de unos treinta oficiales franceses, acompañados por un intérprete:
- Estos señores quieren comer.
- Imposible. No hay nada caliente:  no habrá nadie del personal hasta las cuatro de la tarde- contesta el dueño.
- Estos señores me dicen que le transmita la orden de servirles comida de inmediato
- Ya les he dicho que es imposible…
Dejando al dueño del hotel con la palabra en la boca, el grupo de oficiales se dirigió ordenadamente a la cocina, cogieron todo cuanto había para prepararse un almuerzo frío y se instalaron en el comedor, sirviéndose ellos mismos.

Una hora después, los franceses incautaban el hotel, ponían centinelas en la puerta y daban a los huéspedes un plazo de cuatro horas para desalojar las habitaciones y sacar los equipajes.

Un día pasado en Essen, al cabo de un mes y medio de estar los franceses, nos convence de que la ocupación militar no se ha convertido todavía en el régimen de vida normal en la cuenca del Ruhr, condición indispensable para que la operación francesa pueda dar -o llegar a dar- algún rendimiento.  Decimos régimen normal en el mismo sentido en que la ocupación alemana se convirtió en el régimen normal de Bélgica y el norte de Francia durante la guerra. Régimen normal en un país militarmente ocupado quiere decir sumisión general al estado de hecho, al estado de fuerza.

De esta sumisión general al estado de hecho, la ciudad de Essen todavía está lejos, y los franceses parecen dispuestos, de ahora en adelante, a ejercer la fuerza de forma más directa e incisiva.

Essen, 15 de febrero de 1923

Eugeni Xammar, para La Veu de Catalunya [27-II-1923]

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