En la cuenca del Ruhr (IV): La ocupación de una ciudad
Por admin • Dic 28th, 2009 • Sección: Hemeroteca del EsteA principios de 1923, después de relatar los arbitrarios consejos de guerra con que los militares franceses sometieron a los ciudadanos alemanes más díscolos, el periodista catalán Eugeni Xammar viajó hasta la ciudad de Gelsenkirchen para convertirse en testigo directo de su ocupación.
No faltan en este país del Ruhr, nuevo teatro de la guerra, cosas extraordinarias. Una de ellas es la ciudad de Gelsenkirchen. Se puede ir desde Essen en tren, en veinte minutos, o en tranvía, en menos de una hora. Es un trayecto como de Barcelona a Badalona, pero sin atisbos de azul y sin verde. El cielo es bajo y sucio, y los pocos campos que todavía quedan, y los pocos árboles que todavía crecen, están cubiertos de polvo de carbón.
Cuando uno llega y salta del tren o del tranvía, se encuentra con una ciudad alemana moderna del modelo patentado. Calles anchas y bien empedradas, plazas bien dibujadas, organización modelo. Un ayuntamiento, Correos, un hospital, un instituto, un teatro municipal, todo construido hace veinta años y al más puro estilo gótico alemán del siglo XV. ¿Y los jardines y parques de Gelsenkirchen? Los jardines y parques de Gelsenkirchen son, en un primer vistazo, iguales que los de cualquier otra ciudad por el estilo. Pero los jardines y parques de Gelsenkirchen son algo mucho más complicado de lo que parece. Son un lugar de ocio y son una obra científica. Gelsenkirchen ya tenía de todo cuando aún no tenía jardines, porque el polvo del carbón secaba la hierba, no dejaba que crecer los árboles y mataba las flores. Y Gelsenkirchen no habría tenido nunca jardines sin los sabios alemanes que, con ciencia y paciencia -paciencia es paz y ciencia-, acabaron por descubrir hierbas y árboles y especies de flores sobre las cuales el polvo de carbón ejerce una influencia reanimadora.
Hoy, Gelsenkirchen tiene unos jardines que enamoran. Hace cien años, Gelsenkirchen era un pueblo, más o menos, como el Papiol. Hace cincuenta años tenía la importancia de Centelles, y a finales del siglo pasado [XIX] aún no era tan grande como Sabadell. La gran ciudad, formada por la anexión a Gelsenkirchen de un grupo de pueblos de los alrededores, apenas llega a tener diez años de historia, y hoy viven en ella más de 200.000 personas. Es la gran ciudad más joven de Europa, y la gente de Gelsenkirchen nos cuenta que, en los mapas del ejército francés de ocupación, Gelsenkirchen figura todavía como un pueblo más, al lado de Schalke, Hessler, Bismarck, Bulmke, Uckendorf.

Nosotros, por si acaso, no nos lo creemos. Pero lo cierto es que, un mes después de iniciarse la ocupación del Ruhr, los franceses no habían hecho todavía ninguna demostración militar en Gelsenkirchen. “La ciudad carbonífera más importante del continente aún no había recibido la visita de las tropas enviadas a la cuenca del Ruhr”, según dicen, “a buscar carbón”. Lo cual, en Gelsenkirchen, no lamentaba nadie. Naturalmente.
Y he aquí que un día al atardecer llegó a Gelsenkirchen un automóvil con el piloto trasero apagado. Un policía alemán lo hizo detener, sin saber que dentro iban dos gendarmes franceses. Entre el policía y los gendarmes se entabló una pelea en la que perdió la vida el policía alemán y resultaron heridos los dos gendarmes franceses, uno en la pierna y el otro en el hígado.
Desde ese momento, Gelsenkirchen ha conocido la guerra, más violenta y directamente que ninguna otra ciudad de la cuenca del Ruhr. Estamos en la ciudad del carbón, hace veinticuatro horas, y he aquí lo que hemos visto.
Ayer por la tarde un regimiento francés se presentó en Gelsenkirchen para cumplir las órdenes del general Degoutte: cobrar una multa de 100 millones de marcos y hacer una demostración de fuerza contra la policía y ante los ojos de la población.
El alcalde fue detenido. El jefe de la policía fue detenido. Veinticuatro oficiales y soldados de la policía fueron detenidos y paseados por las calles de la ciudad con las manos en alto. Los soldados franceses penetraron en las diversas delegaciones de policía de la ciudad y lo echaron a perder todo: mesas, sillas, camas, teléfonos, bicicletas, armarios, puertas y ventanas. En el archivo de las organizaciones de seguro social, instalado en el primer piso de una de las delegaciones de policía, no quedó ni un sólo papel entero y habrán de pasar algunos meses antes de que los inválidos y los viejos de Gelsenkirchen puedan cobrar un céntimo. No creemos que éste fuera uno de los fines concretos del general Degoutte, pero la “guerra-no guerra” no puede ir siempre acompañada del discernimiento.
De esta primera expedición los franceses volvieron sin hacer efectivos los 100 millones de marcos. Las autoridades de la ciudad se negaron rotundamente a pagar ni un céntimo, y esta mañana el ejército francés se ha presentado a cobrar. A las siete, cuando despuntaba el día, han entrado en Gelsenkirchen un regimiento de infantería, un escuadrón de caballería, una sección de ametralladoras, una sección de ciclistas y veinticuatro toneladas. Han ocupado la ciudad estratégicamente y, ante el nuevo rechazo de las autoridades, el jefe de las fuerzas francesas ha dado la orden de descerrajar las cajas fuertes del Ayuntamiento y de Correos. Esta operación ha producido cerca de 80 millones de marcos. Los franceses han declarado que hasta que no tuvieran recogidos los 100 millones de marcos no se irían…

En el momento de acabar esta crónica e ir a coger el tren, los franceses -infantería, caballería, ciclistas, ametralladoras y Tanks- todavía están en Gelsenkirchen. Significa que aún no tienen los 100 millones de marcos. Pero nosotros nos vamos de Gelsenkirchen profundamente convencidos de que la reunión de los 100 millones es cuestión de horas.
¡100 millones de marcos! Son unos 50.000 francos. En Essen, un jefe de la administración militar francés nos dijo que cada soldado del cuerpo expedicionario de la cuenca del Ruhr costaba más de 50 francos diarios… Mientras recogen en Gelsenkirchen 50.000 francos, los 3.000 soldados franceses que hacen este trabajo gastan, pues, 150.000 francos cada día.
Buen negocio.
Gelsenkirchen, 17 de febrero de 1923
Eugeni Xammar para La Veu de Catalunya [03.03.1923]
Vía | El huevo de la serpiente
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Para saber más | Imágenes de Gelsenkirchen en 1923
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