Bloque del Este

Historias del otro lado del Telón de Acero

Gorbachov: “Se evitó la Tercera Guerra Mundial”

Por admin • Oct 23rd, 2009 • Sección: Hemeroteca del Este

La semana pasada, Mijail Gorbachov concedió una entrevista al diario francés Le Figaro.  En ella, el último líder de la Unión Soviética relataba los aconteciminentos que condujeron, ahora hace 20 años, a la caída del Muro de Berlín y la desaparición del comunismo en Europa Central.

Hace 20 años, usted estaba en el poder en la Unión Soviética en el momento en que se derrumba el Muro. ¿Lo había visto venir o le pilló por sorpresa?

En aquella época era difícil que algo me sorprendiera. Aquellos sucesos fueron el resultado de un largo proceso. Hacía ya tiempo que me encontraba en los círculos del poder y conocía perfectamente la situación. Cuando me convertí en líder de la Unión Soviética, una de las piedras angulares de mi visión del mundo pasaba por considerar a Europa como nuestra casa común. Propuse, en el curso de una visita a Francia, que construyéramos esa casa común. Y la cuestión alemana formaba parte de esa visión. La unificación germana fue posible porque vino precedida de grandes cambios en la URSS, en la Europa Central y del Este y en las relaciones con los países occidentales, especialmente con los Estados Unidos, con quien nos encontrábamos entonces en malos términos. Cuando llegué a la cúpula de la URSS, hacía seis años que los responsables soviéticos no se encontraban con sus homólogos estadounidenses. Unos años más tarde, cambiamos esa tendencia. Y en el conjunto de esas modificaciones anidaba la posibilidad de la reunificación. Así, durante una visita a la RDA en 1989, con ocasión del 40º aniversario de la República germano-oriental, me quedé muy impresionado por lo que vi. Hablé mucho con el presidente Erich Honecker y me dejó atónito. Pensé que él no comprendía lo que pasaba. O que el rechazaba aceptar los procesos que estaban en curso, los cuales ponían sobre la mesa de una forma obvia la cuestión de la unidad de las dos Alemanias. Los eslóganes de los jóvenes en las manifestaciones probaban que el país se encontraba en efervescencia y que era necesario realizar cambios pronto. El primer ministro polaco,  Mieczyslaw Rakowski, se acercó a mí y me preguntó si entendía el alemán. Le respondí: “lo suficiente como para saber lo que dicen las pancartas”. Y el espetó: “es el fin”. Le dije que sí.

Suena casi como si usted mismo lo hubiera planificado…

No, no lo había planificado. Por cierto, en junio de 1989, durante una visita a la RFA, después de una conversación con Helmut Kohl, un periodista me preguntó si habíamos mencionado la cuestión alemana. Le dije que sí. Declaré que la división germana era una herencia de la historia, de la Segunda Guerra Mundial. Pero que correspondía a la historia decidir que ocurriría después. Los periodistas no se contentaron e insistieron en preguntarme cuándo tendría lugar la reunificación. Les respondí que esa cuestión sería probablemente resuelta durante el siglo XXI, y que sería la historia quien decidiese. Fíjese, esa era mi posición sólo unos meses antes de la caída del Muro… Y después, ocurrieron cambios en la URSS, en Europa Central y del Este, la ‘Revolución de Terciopelo’, las nuevas relaciones con EE.UU., el desarme… Todo ello entrañó una espiral de acontecimientos, incluso para la RDA, que todavía constituía una especie de isla en ese mar de cambio.

¿Estuvo tentado en algún momento de recurrir a la fuerza para detener los cambios en Europa del Este?

¿Sabe? Cuando mi predecesor, Konstantin Chernenko, falleció en 1985, los líderes de los países del Pacto de Varsovia acudierona los funerales en Moscú. Nos reunimos en mi despacho. Les agradecí su presencia y les dije: no haremos nada que pueda complicar nuestras relaciones con vosotros. Respetaremos nuestras obligaciones, pero sois responsables de vuestra política, de vuestros países, y nosotros somos responsables de nuestra política, de nuestro país. Así, en 1985, les prometí que no intervendríamos. Y no intervinimos jamás. Si lo hubieramos hecho, no estaría hoy con ustedes, se lo puedo asegurar.

¿Qué habría pasado, según usted?

Podría haber estallado una Tercera Guerra Mundial. En aquella época, Europa estaba llena de armas nucleares. Había dos millones de tropas a ambos lados del Telón de Acero… Imaginen simplemente que podría haber llegado a pasar si hubiéramos utilizado la fuerza…

¿Cuál era, en aquella época, su visión sobre la Unión Soviética?

Era una visión que nos conducía a asumir cambios democráticos, a abrir el país, a reformar nuestra unión y nuestra economía, a devolver la libertad de movimiento a los ciudadanos, a introducir la libertad de expresión y de religión. En esa época no tenía ninguna duda, sabía que ése era el camino a seguir. Y creía que así podría preservar a la Unión Soviética. Pero después de las elecciones libres de 1989, algunos en el seno del Partido Comunista, reaccionaron ferozmente contra todas las reformas. El partido estaba dividido: el 84% de los diputados eran miembros pero la nomenklatura había perdido las elecciones. Tenía todas las razones para pensar que la perestroika gozaba del apoyo de la mayoría. Eso no impedía que la nomenklatura tratara repetidamente de derribarme, de destituirme durante reuniones del Soviet Supremo. Los adversarios de la perestroika no fueron capaces de hacernos frente legalmente, políticamente. Por eso organizaron un golpe de estado en 1991. Habíamos subestimado el peligro, debimos haber reaccionado con mayor firmeza para impedirlo. Pienso que los defensores de la perestroika, y me incluyo, estuvimos demasiado confiados. Creíamos estar en el buen camino. Habíamos preparado un programa para reconducir la situación económica de la URSS. Ese programa contaba con el apoyo de todas las repúblicas, incluso las bálticas. A comienzos de agosto, preparamos además un nuevo tratado para la Unión. Aspirábamos a realizar un congreso para reformar el partido para noviembre de 1991. Pensábamos que en esa situación sería irresponsable organizar un golpe de Estado. Finalmente lo montaron, y algunos de quienes lo organizaron formaban parte de mi entorno, de mi círculo más próximo.

¿Cómo interpreta la nostalgia por el imperio soviético que hoy se manifiesta en el seno del poder y del pueblo rusos?

Conozco la situación. Pienso que no hace falta exagerar esa tendencia. En un sondeo realizado en 2005 para el 20º aniversario de la perestroika, el 55% de la gente estimaba que los cambios habían sido necesarios, cuando una década antes sólo los apoyaban una minoría. Dos tercios de los rusos se manifiestan favorables a las elecciones libres, a la economía de mercado y a la libertad de movimiento…

Sí, pero Stalin es hoy más popular que ayer…

No lo creo. Es verdad que algunos se manifiestan en la calle con retratos de Stalin. Ello prueba sobre todo que Rusia no ha salido totalment de sus procesos de cambio. Pero eso ya se sabía.  Lo importante es que no haya punto de retorno al pasado. No se puede dar marcha atrás. Eso no llegará.

¿Cómo valora el tandem Medvedev-Putin? ¿Conducen estos dos hombres a Rusia por el buen camino?

El primer mandato de Vladimir Putin fue sobre todo positivo. Puso fin a la desintegración de Rusia, algo extremadamente peligroso. Estabilizó la situación: aunque sólo sea por eso, ya tiene un puesto en la historia. Pero no veo ningún esfuerzo real de la modernización, ése es el principal problema. Las condiciones eran favorables, gracias al aumento de los precios del petróleo… Me cuestiono la manera en que se han utilizado esos millones de petrodólares. Creo que han permitido a sus amigos comprar los Campos Elíseos y el resto de Francia… Es broma, pero creo que una gran parte de ese dinero se ha despilfarrado y no se ha utilizado para modernizar el país. Se debería haber actuado mucho antes para mejorar la situación económica, modernizar Rusia y también democratizarla. Por un lado, se detuvo el incendio; por el otro, se han cometido errores.

¿El problema esencial atañe, según usted, a la política économica o de la corrupción?

En lo que respecta al país, se requiere un nuevo sistema, un nuevo modelo de desarrollo. Y, para construirlo, hace falta superar la corrupción. Estará usted de acuerdo en que, de momento, no es el caso.

¿Piensa que Medvedev y Putin aprovecharán la mano tendida por Barack Obama?

No es sólo Barack Obama quien se encuentra en el origen de esta oportunidad en las relaciones ruso-estadounidenses. Pero es una persona seria que entiende la crisis, que aboga por la desnuclearización y que ha tomado postura contra los problemas ambientales. Es un buen interlocutor para nuestros dirigentes, porque eso es también lo que quieren. Tengo un sentimiento positivo hacia el presidente estadounidense. Y, sí, yo creo que Rusia quiere aprovechar esta oportunidad. Pero nunca se sabe …

Usted recibió el premio Nobel de la Paz en 1990. ¿Piensa que el otorgado recientemente a Obama es merecido o prematuro?

Yo le escribí para felicitarle. Dije que era la mejor opción porque me siento cerca de su visión del mundo. Necesitará mucha determinación, autoridad internacional y habilidades de comunicación para su aplicación. Le deseo éxito.

Las tropas rusas de Afganistán las retiró usted. 20 años después, Barack Obama se apresta a decidir, o no, el envío de refuerzos norteamericanos a ese país. ¿Qué le aconsejaría?

Nosotros pasamos por un período idéntico al que ahora atraviesa Obama en Afganistán. También nosotros tuvimos que tirar al suelo toda nuestra estrategia y nuestra política. Creo que el objetivo final de los estadounidenses debería ser la retirada de sus fuerzas. Pero no tengo ninguna recomendación que hacer. Probablemente habría sido mejor que no hubieran entrado… Mientras nos retirábamos de Afganistán, los estadounidenses estaban trabajando con los paquistaníes la creación de los talibanes, aunque afirmaban querer un país “libre y estable, en buenos términos con nuestras dos naciones “… Ahora se están cosechando los frutos. Por otra parte, reconozco la necesidad de actuar contra los núcleos de terroristas …

Usted lidera la Green Cross [la cruz verde], una ONG dedicada a la protección del medio ambiente: ¿se muestra confiado ante la reunión mundial prevista para diciembre en Copenhague sobre el calentamiento global?

Confío en que este será un gran paso en la dirección correcta. Se ha preparado sólidamente. Los problemas ambientales nos están estrangulando: debemos hacer para evitar una catástrofe. No hace falta esparar a que la temperatura media del planeta aumente en más de 2 grados: el objetivo ya es de por sí muy difícil de lograr. Los Estados deben ahora tomar medidas decisivas.

Vía | Le Figaro
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