Bloque del Este

Historias del otro lado del Telón de Acero

Las últimas víctimas del Muro

Por admin • Oct 18th, 2009 • Sección: Rincones de la Historia

Alemania recordará este 9 de noviembre el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Ese acontecimiento, prólogo de la ansiada reunificación germana, significó el final de la expresión más real y cruel del Telón de Acero: en ningún lugar de Europa fue más palpable y física la división entre las democracias occidentales y la tiranía soviética. Casi doscientas personas, en su mayoría jóvenes, se dejaron la vida en las alambradas tratando de escapar de aquella cárcel con apariencia de estado independiente llamada República Democrática Alemana.

La criminalidad del Muro no menguó a lo largo de sus 28 años de existencia. A comienzos de 1989, cuando la bancarrota económica y la ruina política de la RDA eran más que evidentes, el régimen de Berlin-Oriental sumó sus últimas víctimas. Según los registros, Chris Gueffroy, un camarero de 20 años, fue el último ciudadano en ser asesinado por la orden de disparar a matar que imperaba entre los guardias de fronteras germano-orientales.

El asfixiante control estatal, que alcanzaba patológicamente hasta los aspectos más pueriles de la rutina diaria, pronto desesperó al joven Chris. Cuando renunció a iniciar una carrera como oficial en el Ejército por discrepancias ideológicas, las autoridades le negaron el acceso a cualquier educación superior. Gueffroy, un chico deportista que soñaba con ser actor, se vio de la noche a la mañana sirviendo cafés en el aeropuerto de Berlín Este, sin otra aspiración que huir en cuanto fuera posible de aquella atmósfera opresiva.

Un día de comienzos de 1989, escuchó una conversación entre clientes. El gobierno había levantado la orden de tirar contra quienes saltaban el muro. Además, el primer ministro sueco visitaría la ciudad durante los primeros días de febrero, lo que aumentaría la atención internacional hacia el creciente problema de los miles de refugiados que trataban de cruzar la frontera inter-alemana. Ambas noticias compusieron en la mente del joven un puente soñado hacia la libertad.”Nadie se atreverá a disparar con un autoridad extranjera en el país”, debió pensar.

A los pocos días, Gueffroy lo intentó. Superó el primer muro, las alambradas y la zona de nadie. Justo cuando trataba de trepar la última pared, de tres metros de altura, activó involuntariamente una alarma sonora. Diez disparos después, caía muerto. Su madre sólo se enteraría a las 48 horas por medio de la temida Stasi -la policía política-. Fue obligada a incinerar el cadáver -para evitar posteriores análisis- y a despedirse de su hijo (”fallecido en un trágico accidente”, según la cínica versión oficial) en una funeral clandestino.

Gueffroy fue el último asesinado del Muro, pero no el último muerto. Un mes más tarde, el 8 de marzo, Winfried Freudenberg trató de escapar junto con su esposa en un globo de fabricación casera. Mientras inflaba el aparato en la fábrica de gas en la que trabajaba, la policía le descubrió. Con el globo a medio llenar e incapaz de transportar a dos personas, Freudenberg optaría por volar solo. Se elevó, y desde el cielo contempló cómo cruzaba la dramática línea que le separaba de la libertad; pero no conseguió aterrizar. Tras chocar violentamente con el suelo, el joven de 32 años pereció. Sólo unos meses después de su muerte, el Muro se derrumbaba como expresión de la podredumbre del sistema que lo había concebido. Un año después, la RDA dejó de existir.

Un muro en permanente ampliación

“Nadie tiene la intención de construir un muro”, proclamó Walter Ulbricht, líder de la RDA, en junio de 1961. Pocas semanas después, en la noche del 13 de agosto, sus tropas cerraban herméticamente la isla de democracia que suponía Berlín Occidental, rodeada por territorio comunista. Hasta entonces, el tránsito entre una y otra orilla de Berlín, relativamente fácil, convertía a la capital germana en el único agujero del Telón de Acero. Más de tres millones de personas habían aprovechado la anómala situación de Berlín (una ciudad, dos sistemas) para escapar del comunismo: a falta de elecciones libres, los medios lo apodaban “el sufragio con los pies”.

Para evitar esa sangría demográfica, el régimen de la RDA optó por tapiar a 16 millones de habitantes. Nadie podía salir del país, y menos con dirección hacia Occidente. El Muro -oficial e hipócritamente bautizado como “protección antifascista”- eclipsaría, durante 28 años, el horizonte personal de muchos ciudadanos.

Primero con Ulbricht y después con Erich Honecker, las autoridades de Berlín-Oriental lo fueron reforzando y ampliando. Al principio, se contentaron con levantar una pequeña pared rematada por alambradas, pero posteriores ampliaciones incluyeron defensas anti-carros, dobles murallas con torres de vigilancia o mecanismos de disparo automático. Todo ello vigilado por miles de soldados aleccionados para ametrallar a quien osase escapar del ‘paraíso comunista‘. A mediados de los ‘80, Honecker rubricaba un acuerdo internacional para permitir el libre tránsito de sus ciudadanos: “lo firmaré, pero no lo cumpliré”, confesaría después al embajador soviético.

En enero de 1989, los gerifaltes comunistas ya estaban diseñando la quinta generación del Muro, que preveía las últimas novedades técnológicas, como videocámaras o sensores. “El Muro continuará otro siglo”, vaticinaba por aquellos días Honecker. Sólo se equivocó en 99 años y algunos meses.

Escrito para LA RAZÓN

Menéalo |
votar

VN:F [1.0.9_379]
Valoraciones: 0.0/10 (0 votos cast)
Etiquetado como: , , , , , , ,

One Response »

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Alemania recordará este 9 de noviembre el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Ese acontecimiento, prólogo de la ansiada reunificación germana, significó el final de la expresión más real y cruel del Telón …

    VA:F [1.0.9_379]
    Rating: 0.0/5 (0 votos cast)

Hacer un comentario